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EDUCACIÓN E IGUALDAD

16 Jan 12 - 22:46

Educación e igualdad
 
Bernardo Bátiz V.
 

La nación es un pueblo que comparte una cultura; el concepto es sociológico y su esencia es la comunidad de historia, lenguaje, costumbres y creencias; en México nuestra integración como nación ha tenido muchos obstáculos; la Revolución Mexicana, en su momento, contribuyó en mucho en favor de la igualdad de todos los que la integramos.

Lamentablemente, la Revolución fue traicionada y en muchos aspectos. Lo que se logró al principio se estancó y en algunos casos se retrocedió; podemos decir que el proceso revolucionario motivó un doble progreso contrario, avanzó el bien, es decir, se consolidó la nación y simultáneamente hubo pérdida de vidas y destrucción de riqueza, sin embargo, entre los frutos plausibles de encontramos pasos positivos hacia la igualdad.

A la mitad del siglo XX más en las sociedades urbanas que crecían y menos en las rurales, dos instituciones eran vehículos para la igualdad de los jóvenes de entonces: el servicio militar obligatorio y el sistema educativo.

En filas, como conscriptos, marchando los domingos y haciendo ejercicios militares, a los 18 años, sin excepción de personas, de fortunas, de características étnicas, o de lugar de residencia, vestíamos uniformes similares, obedecíamos las mismas órdenes de los oficiales de complemento y con ello adquirimos disciplina y asimilábamos valores cívicos y patrióticos.

En filas, éramos iguales, aun cuando no faltaban unos pocos que rehuían del servicio con sobornos o influencias, pero fueron los menos, y ciertamente ni bien vistos ni aceptados. Había incipiente –no muy definido pero lo había– un sentido de comunidad, de pertenencia a la patria y un concepto de deber para con ella.

La escuela pública era otro ámbito al servicio de la igualdad, en especial en la educación superior; no se habían multiplicado aun las escuelas profesionales privadas y todo aquel que quería estudiar llegaba a una escuela pública, el Instituto Politécnico Nacional, la Universidad Nacional Autónoma de México y la Escuela Nacional de Maestros.

No se trataba de una nación consolidada, pero nos acercábamos mucho a un ideal en que compartíamos, a través de las clases de historia, un pasado común y teníamos esperanzas en un futuro también común, con oportunidades similares para todos. Primero en el viejo barrio universitario, en las secundarias que ocupaban antiguos edificios y luego en Ciudad Universitaria, en el Casco de Santo Tomás y en otros inmuebles destinados a la enseñanza, estudiábamos juntos jóvenes de todas las clases sociales y de todas las fortunas.

La tendencia contraria existía: recuerdo en la Facultad de Derecho la competencia soterrada pero real entre los que llegaban de las preparatorias particulares, el Patria, el México, y los que proveníamos de San Ildefonso; luego, años después, vino el deterioro, aparecieron rasgos de desigualdad y discriminación. Coincidió con el aumento de la corrupción en las peores etapas de priísmo y se recrudeció con la globalización y los gobiernos neoliberales.

Se elevó como valor supremo de la sociedad la competencia y los procesos disyuntivos dividieron a todos, al estilo del pragmatismo estadunidense, en triunfadores y perdedores: los primeros eran los hijos de los poderosos, frecuentemente con fortunas de origen tortuoso o francamente deshonesto; los perdedores eran los demás.

Aparecieron conceptos y convicciones que nos separaron en sectores marcadamente desiguales; lo que hizo Moisés Sacal, repugnante delito sin justificación, fue sin duda acción personal y es su responsabilidad, pero también es la muestra de un sentimiento clasista latente; lo que hizo sin pensar la niña que trató de prole a los críticos de su padre es el reflejo de la misma convicción de desigualdad que se asume con toda naturalidad, compartido por muchos, aunque no siempre expresado.

Los adjetivos de naco, equis, prole no son usados excepcionalmente, se han vuelto la regla, muchos más de los que imaginamos; ven a los demás por encima del hombro y la sumisión, y la pasividad ante la agresión es una actitud generada por una desigualdad palpable, lacerante y creciente.

Debemos revertir el proceso, la educación es el camino de regreso a la integración, a la solidaridad, a la igualdad; lamentablemente la que propone el gobierno actual, aturdido y miope, es elitista y selectiva, contraria, por tanto, a un proceso de integración nacional. El contraste está en las becas que el Gobierno del Distrito Federal otorga a los preparatorianos de escuelas públicas, en la Universidad de la Ciudad de México, hoy mal entendida en cuanto a su finalidad de abrirse a los marginados, y en las preparatorias que el gobierno anterior estableció en zonas pobres.

Si no apreciamos el valor social de la escuela pública, que a tantos ha dado la oportunidad de salir adelante, si nos dejamos avasallar por los dudosos conceptos de competitividad, excelencia y otros de ese género, en el fondo socialmente negativos y discriminatorios, el país no saldrá de sus problemas; la oportunidad de optar por un modelo de escuela democrática se dará en el próximo proceso electoral por la vía pacífica. Después, quién sabe.

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Las consecuencias serán más duraderas que en otros países por la afectación entre niños

En fechas recientes volvió a subir la pobreza en México: OCDE

El gasto público para necesidades sociales es escaso y no llega a los más necesitados, afirma

Advierte sobre el incremento de la precariedad entre las personas de la tercera edad

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El secretario general de la OCDE, José Ángel Gurría, y el secretario de Economía, Bruno Ferrari, ayer en la conferencia anual sobre mejora regulatoria, donde se informó que la carga regulatoria que existe en México tiene un costo para la economía equivalente a 4.8 por ciento del producto interno brutoFoto Guillermo Sologuren
Roberto González Amador
 
Periódico La Jornada
Miércoles 11 de enero de 2012, p. 28

La reducción de la pobreza en México se revirtió en los últimos años, con consecuencias que afectarán el futuro del país. Los niños constituyen casi la mitad de los 52 millones de mexicanos pobres, dato que indica que la pobreza podría tener consecuencias más duraderas que en otros países, sostuvo un nuevo informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

El gasto público destinado a atender necesidades sociales en México es una tercera parte del gasto promedio entre los países que pertenecen a ese organismo, indicó el informe Perspectivas OCDE: México, reformas para el cambio.

Además de escaso, respecto al promedio de las naciones de la OCDE, el gasto público para atender necesidades sociales no se distribuye mayoritariamente entre las personas con más necesidad de recibirlo para atender carencias. El reporte apuntó que el 20 por ciento de los más pobres apenas recibe 10 por ciento de las transferencias canalizadas a la reducción de la pobreza.

El informe expuso que en México se han impulsado iniciativas interesantes para aliviar la pobreza. Cita el programa Oportunidades, que con distintos nombres y algunas variaciones y mejoras se ha mantenido por 15 años, desde que fue puesto en práctica con el nombre de Progresa en el sexenio del ex presidente Ernesto Zedillo. La OCDE mencionó que Oportunidades, mediante el cual se realizan transferencias de efectivo a familias, a cambio de que los niños sean llevados a la escuela y a revisiones médicas, ha contribuido a aumentar las tasas de escolarización y facilitado la transición entre la educación primaria y secundaria. A la vez, ha reducido la mortalidad materna y mejorado la salud infantil, abundó.

Sin embargo, apuntó, la reducción de la desigualdad y la pobreza sigue planteando grandes desafíos. El documento definió que a pesar de los notables avances realizados, aún persisten retos importantes que deben ser enfrentados con miras a reducir la pobreza y la desigualdad en México. Uno de ellos tiene que ver con el gasto público destinado a atender necesidades sociales.

De 1985 a la fecha, el gasto público para atender necesidades sociales pasó de representar menos de 2 por ciento del producto interno bruto (PIB) a 7.2 por ciento. Aun con el incremento, el porcentaje de gasto público destinado en México al renglón social apenas representa un poco más de la tercera parte del gasto porcentual promedio que realizan los demás países de la OCDE.

El organismo mencionó en el documento que, si bien la pobreza había venido disminuyendo a lo largo de los últimos decenios, en fechas recientes ha vuelto a aumentar.

Según cifras oficiales, 52 millones de personas vivían en condición de pobreza en 2010. El alto nivel de pobreza absoluta se refleja también en otros indicadores relativos a las condiciones de vida: por ejemplo, la mortalidad infantil, que en México es tres veces superior al promedio de la OCDE, y la tasa de analfabetismo, que supera a la media del conjunto de la organización, abundó el infome.

Agregó: La población mexicana es relativamente joven. Por lo mismo, los niños constituyen casi la mitad de los pobres. Este dato indica que en México la pobreza podría tener consecuencias más duraderas que en otros países de la OCDE. Al mismo tiempo, el problema de la pobreza en la tercera edad es una cuestión apremiante, dado que afecta a 30 por ciento de las personas de 75 años en adelante, es decir, 1.5 veces superior a la del conjunto de la población. Tomando en cuenta el envejecimiento de la sociedad, se corre el riesgo de que la proporción de ancianos pobres aumente aún más en el futuro.

El organismo recomendó que se incrementen las transferencias de recursos públicos a familias pobres para reducir la pobreza de manera significativa.

Las transferencias sociales en efectivo sólo representan alrededor de 8 por ciento del ingreso familiar disponible y la mitad de esas prestaciones benefician a quienes están situados en el segmento superior de la escala de distribución, de acuerdo con el informe, que asegura que 20 por ciento de la población más pobre sólo recibe 10 por ciento de los fondos públicos canalizados a través de estos programas.

Privatizar tierras agrícolas

En el informe, la OCDE dedicó un capítulo a la agricultura, en el que mencionó que en México ese sector emplea a 13 por ciento de la población económicamente activa (actualmente de 49 millones de personas) y genera 3.8 por ciento del producto interno bruto.

Además de una estructura productiva conformada por unidades agropecuarias muy pequeñas, más de la mitad del territorio mexicano se administra mediante algún tipo de propiedad social, como ejidos o comunidades agrarias. Abundó que las reformas al sistema de tierras comunales impuesto en 1992 (durante el gobierno del ex presidente Salinas) redujeron restricciones que pesaban sobre la transmisión de la tierra con la intención de mejorar la flexibilidad de la producción agropecuaria y de fomentar la inversión. Sin embargo, en la práctica el impacto ha sido limitado.

El estudio no lo menciona, pero la reforma a la propiedad de la tierra agrícola en el gobierno del expresidente Salinas, que implicó la modificación de la Constitución, generó amplio rechazo de agrupaciones campesinas y de pequeños productores. Algunos analistas ubican esta reforma como una, entre varias, de las causas que detonaron el alzamiento zapatista en enero de 1994.

El sistema comunal de tierras pretende, abundó el reporte, satisfacer ciertas necesidades sociales en ausencia de redes de seguridad social más amplias como las que existen en la mayoría de países de la OCDE.

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